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Como tomar el te - Formas de saborear

    Para los chinos beber té es una forma más de arte, que incorpora un amplio ámbito de conocimientos. El sabor del té sea muy sutil, pero además su significado es rico y profundo.
    Los chinos le otorgan una gran importancia al agua, a las hojas, a la vajilla y al fuego a la hora de preparar y beber té.

    El agua es el elemento principal a la hora de preparar el té. Para preparar una buo na taza, la calidad del agua es imprescindible. Los antiguos chinos decían que para hacer té, "el té debía ser nuevo, y el agua debía estar viva o fluir". Lu Yu (73.1 804), un Santo del Té de la dinastía Tang, señaló que para preparar un té delicado, la mejor agua es la procedente de las altas montañas; le seguía el agua de ríos y pozos. En las altas montañas rodeadas de nubes, los manantiales de agua clara son los mejores; las aguas de los arroyos también están bien, aunque no es pura porque huelen a la tierra, aun así es la segunda mejor opción. La tercera posibilidad es el agua de los pozos, como manantiales artificiales subterráneos, suelen estar están cadas y algo contaminadas con el sabor de la sal. Por ello no pueden compararse con las aguas de los manantiales montañosos sin contaminar. Desafortunadamente para nosotros, hoy en día no tenemos ni siquiera el tercer tipo de agua para hacer té, y no nos queda más remedio que utilizar o bien agua corriente o agua purificada artificialmente, ¡una verdadera lástima!

    A los chinos también les gusta coger nieve para preparar té. La placentera escena de "preparar té con nieve recién recogida, mientras se lee a la luz de una lámpara en una noche de frío invierno", es una situación altamente apreciada por los letrados. La nieve es blanca, pero se ensucia con facilidad, por ello, a la gente le gusta recogerla cuando está recién caída para la preparación del té.
    Dado que para el buen té hace falta agua buena, los chinos llevan tiempo desarrollando la tradición de tener en alta estima los manantiales, y éstos se han hecho famosos por el amor de la gente hacia el té. Se dice que Lu Yu viajó a lo largo del país probando diferentes tipos de agua en diversos lugares. Por fin llegó a la conclusión de que el manantial Huishan de Wuxi, en la provincia de Jiangsu, era el mejor para el té; el manantial Baotu en Jinan, provincia de Shandong, era el segundo y el de Hupao en Hangzhou, provincia de Zhejiang, el tercero.

    Después del agua, el segundo factor más importante para la preparación de un buen té son las hojas de té. China posee una larga historia en el cultivo de los más variados tipos de hojas de té. Desde la perspectiva del procesado, las hojas de té se distinguen en las categorías de té verde, té negro, té wulong, té rojo y té aromático. El té verde es el tipo principal de té, y su producción es casi el 70 por ciento de la producción total del año. Los más famosos tés verdes son los de Longjing en Hangzhou, Biluochun de Jiangsu, y Huangshan Maofeng y Liu'an Guapian de Anhui. El té rojo es un té fermentado, el más famoso es el de Qimen de Anhui y el Dian de Yunnan. El té wulong se produce principalmente en Taiwán y en los montes Wuyi de Fujian. El té negro está representado por el Pu'er de Yunnan. El té negro se procesa añadiéndole agua a las hojas verdes secas de té, para que fermenten. Existe además una variedad de té aromatizado, que incluye los tés de crisantemo y los de jazmín, éste último el favorito entre los chinos del norte.

    Un buen té debe ser servido en una buena vajilla. Los chinos le han prestado especial atención a la vajilla para té, que puede estar hecha de porcelana, cerámica, cristal o madera. Siendo el hogar de la porcelana, China posee una base sólida en lo que respecta a la investigación en la fabricación de porcelana de calidad para vajillas de té, aunque no todas en China son necesariamente de este material. En realidad, las vajillas de cerámica son consideradas las más valiosas a los ojos de los amantes del té. Entre las más típicas están las teteras de barro que se produce en Yixing, cerca del lago Taihu, en la provincia de Jiangsu, muy populares entre la gente tanto en el pasado como en los tiempos recientes.

    El cuarto y último de los elementos para preparar un buen té es el fuego que debe ser, sobre todo, "vivo", como evidencia el famoso verso del poeta de la dinastía Song (960-1279) Su Dongpo (1037-1101): "Para que florezca el agua necesitas un fuego vivo". Un fuego vivo se refiere a un fuego de carbón. En segundo lugar, el fuego debe ser lento, y el fuego de carbón se ajusta a este requisito, puesto que el carbón arde mucho más lentamente que otros tipos de combustibles. Es más, el carbón exuda un aroma silvestre sin el olor a humo que aborrecen los amantes del té.
    En la ceremonia china del té, existen cuatro aspectos que debe tener presentes el bebedor: el color, el aroma, el sabor y la forma.
    Primero, hay que observar el color. Los diferentes tés poseen diferentes colores, como el negro, el verde, el de wulong, el blanco (con hojas finas y una suave pelu- silla blanca), y el rojo. Según el tipo de té, así debe ser su color.

    El té verde debe ser fresco, y el mejor té verde se produce en primavera. El té recogido antes de la Fiesta de Qingming o de Guyu ( la Lluvia del Grano, día que marca el comienzo de sexto término según el calendario lunar que suele caer en tomo al 19, 20 o 21 de abril), es el preferido de la mayoría, por su ternura, frescura y verdor con un toque de amarillo de las hojas. Este tipo de té presenta una imagen transparente inolvidable en un vaso de agua caliente. El té wulong posee un color rojo oscuro que da una sensación de pesantez y reclusión. Se debe preparar en tetera y parece denso y dorado cuando se sirve en taza.

    En segundo lugar, observar el aroma. El buen té debe poseer una fragancia propia particular. Los chinos tienen tres maneras de disfrutar del aroma del té: oliéndolo antes de echar las hojas a la taza; saboreándolo con la lengua una vez que está en la boca y despide su fragancia; y apreciándolo con el corazón cuando su inolvidable aroma se extiende por la boca, de la misma manera que se disfruta de la brisa fresca.

    En tercer lugar, observar el sabor. Si hablamos de su sabor, cualquier amante del té te dirá que lo más importante es la amargura. El té puro posee una amargura sutil que, cuando se absorbe lentamente, acaba convirtiéndose en dulzura; es decir tras la amargura llega el dulzor.

    En cuarto lugar, observar la forma. Al beber el té se puede observar la forma de sus hojas, especialmente, en el caso del verde. Por ejemplo, las hojas tiernas del té de Longjing, que se recoge en medio de la bruma, suben hacia arriba en el agua caliente antes de que se abran lentamente, se estiren del todo y se sumerjan. Con templar el contraste con el fondo blanco de la taza es como admirar una hermosa danza. Liu'an Guapian, otro té verde famoso, es otro buen ejemplo. El extremo de cada hoja de este tipo de té se curva hacia arriba y su color es de un verde intenso. En agua hirviendo, las hojas parecen flores de loto, y por ello ha sido el preferido de los chinos.

    El buen té es una combinación de color, aroma, sabor y forma, y requiere paciencia para llegar a apreciarlo como es debido. Por ello, los chinos dicen "saborear el te" y no "beber té"; la prisa es tabú.

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