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Templo de Jokhang

    Templo de Jokhang

    El templo de Jokhang se alza en el centro del único enclave tibetano que resta en la ciudad —la zona de Barkhor—, un laberinto de callejuelas empedradas entre Beijing Dong Lu y Chingdol Dong Lu, a 1 o 2 km al este del Pótala.

    Desde lejos, el Jokhang, a veces llamado Tshuglakhang (catedral), el templo más sagrado del mundo budista tíbetano, no parece muy atractivo, pero según se va uno acercando se va impregnando de la veneración y la expectación de los peregrinos. En el interior seguramente tendrá ocasión de experimentar una de las situaciones más inolvidables de todo su viaje al Tíbet, y son muchos los visitantes que acaban regresando un día tras otro. Como mínimo, hay que acercarse en un par de ocasiones, una por la mañana (9-12.30 h), cuando los peregrinos lo rodean y la entrada principal y gran parte de las capillas permanecen abiertas, y otra vez al anochecer, sobre las 19 h, cuando los monjes recitan sutras y se pueden escuchar los cantos budistas tibetanos en su lugar de origen. Se puede ir al templo en cualquier momento, pero cuando la entrada delantera está cerrada se puede entrar a través de un patio lateral que hay a la derecha de la entrada principal. Desde el otro extremo de este patio hay varios tramos de escaleras que conducen hasta el tejado, desde donde hay vistas de la plaza Barkhor, del patio del templo e incluso del Pótala, a lo lejos, y las imágenes doradas resultan todavía más impresionantes. A la derecha de la entrada principal también hay escaleras que llevan al tejado, al igual que desde la esquina sureste del propio templo. El rey Sogtsen Gampo mandó erigir el Jokhang en el siglo vil con el fin de albergar la dote traída por su desposada nepalí, la princesa Bhrikuti, incluyendo la imagen del Buda Akshobhya. Esta imagen intercambió su lugar con la del Jowo Sakyamuni, de la dote de la princesa Wencheng, que en principio fue depositada en el templo Ramoche, y que ahora se considera el objeto más sagrado del Tíbet. El emplazamiento del templo lo decidió la princesa Wencheng después de consultar mapas astrológicos, y fue confirmado por el rey a resultas de una visión acaecida durante la meditación. No obstante, la construcción se vio plagada de problemas. Otra visión le reveló al rey y a sus reinas que debajo de la tierra del Tíbet yacía una enorme diablesa dormida, con la cabeza orientada hacia el este, los pies al oeste y el corazón bajo Lhasa. La construcción del Jokhang sólo podía llevarse a cabo con éxito si se construían monasterios en los lugares adecuados para mantenerla prendida al suelo. El rey se embarcó en grandes planes a fin de construir doce templos supresores de demonios: cuatro en los alrededores de Lhasa, incluido el Trandruk, a fin de prenderla por las caderas y los hombros; un conjunto de cuatro más alejados para sujetarle codos y rodillas, y otros cuatro todavía más lejos para las manos y pies. La construcción del Jokhang comenzó cuando se finalizaron esos doce templos.

    Interior del Templo

    La entrada principal se halla en la plaza Barkhor, que se encuentra al oeste del templo y está abarrotada de puestos callejeros que venden banderas de oración, echarpes blancos (katag) e incienso. Frente al templo se alzan dos gruesos quemadores de incienso que envuelven la atmósfera en olor a enebro, y los dos recintos cerrados contienen tres antiguos pilares cincelados.

    Frente a las enormes puertas del templo hay una riada constante de peregrinos postrándose: podrá escuchar el golpeteo de los protectores de madera de las manos y su siseo cuando entran en contacto con las losas al postrarse en el suelo. Pase junto al gigantesco molino de oración dorado que hay a la izquierda y por el correado de entrada hasta llegar al patío abierto, donde tienen lugar las ceremonias y sus preparativos. Hileras de pequeñas lámparas de manteca arden a lo largo de la pared más alejada y es toda una escena ver a lo monjes dando forma a imágenes de manteca, a ofrendas de masa de harina y ocupándose de las lámparas. Por otro corredor, con capillitas a derecha e izquierda, se llega a la zona interior del templo. La sección central, Kyilkhor Thil, alberga multitud de imágenes, seis de ellas de una importancia particular. La más impresionante es la Padmasambhava, de 6 m de altura, a la izquierda, que data de 1955, y la figura medio sentada de Maitreya, el Buda del futuro, a la derecha.

    Los peregrinos y devotos giran a la izquierda para discurrir en el sentido de las agujas del reloj, y entran en todas las capillas para rezar y realizar ofrendas. No obstante, no se entretienen; trate de quedarse quieto para admirar las imágenes y se le llevará la corriente humana. Algunos de los dinteles de madera de las puertas y de las columnas son originales, en particular el dintel de la puerta de la capilla de Chenresi; las columnas enfrente de la capilla del Jowo Sakyamuni fueron creadas por artesanos niwari de Nepal durante los primeros años de existencia del templo. Al igual que ocurre con todos los templos del Tíbet, resulta bastante difícil saber con exactitud qué es lo que se tiene enfrente. Algunas de las imágenes son originales, otras que sufrieron daños han sido restauradas tanto ligera como completamente, y otras más son simplemente réplicas. Sea cual fuere su antigüedad, todas son reverenciadas con la misma devoción por los peregrinos.

    Templo de JokhangResulta fácil verse abrumado, pero si sólo quiere dedicarse a una capilla entonces concéntrese en la capilla del Jowo Sakyamuni, en el centro de la pared posterior del templo. Se trata de una imagen de Sakyamuni, de 1,5 m de altura, que le representa a los 12 años de edad, con un hermoso y sublime rostro dorado. Envuelta en pesados brocados y joyería, es la imagen más venerada de todo el Tíbet. Aunque el Jokhang fue en principio construido para albergar esta imagen, el Jowo Sakyamuni estuvo primero en el templo de Ramoche hasta que los rumores acerca de una invasión Tang a finales del siglo vil provocaron su traslado a un lugar oculto en el Jokhang. Más tarde fue trasladado a su emplazamiento actual. Durante el reinado de Trisong Detsen, los oponentes bon del budismo sustrajeron la imagen y la enterraron, pero fue hallada y enviada a Lhasa para su custodia. De nuevo fue enterrada durante el intento del rey Langdarma por aniquilar el budismo, pero finalmente regresó al Jokhang donde está hoy. Aunque corre el rumor de que la imagen original fue destruida en el siglo XVIII por invasores está considerada como la original. Los monjes mantienen llenas la lámpara de manteca mientras los peregrinos discurren alrededor del altar inclinando su cabeza frente a la pierna derecha de Sakyamuni y luego frente a la izquierda.

    Para cuando llegue al piso superior probablemente ya estará un tanto mareado. En este piso hay menos cosas interesantes que en el inferior, aunque tres cuartas partes de las capillas están ahora abiertas, tras haber sido sometidas a diversos trabajos de restauración. Una de las más interesantes es la capilla directamente encima de la entrada principal en la pared oeste. Se trata de la capilla de Sogtsen Gampo, que alberga una gran estatua del rey flanqueado por sus dos reinas. Continúe escaleras arriba por la esquina sudoeste de la capilla hasta llegar frente a una pacífica imagen de Pelden Lamo, considerado como una deidad protectora del Tíbet, y especialmente popular entre los peregrinos.

     

     

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