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Vida de los seres humanos

    El zen considera la vida de los seres humanos como un "paisaje propio". Para los practicantes del zen, cada uno tiene su propio campo de vida.

    Tenemos que cultivar la parcela de tierra de nuestro propio campo y no abandonar los sentimientos propios. Si uno se obsesiona por admirar y respetar las obras clásicas y la autoridad, el hecho equivale a tener el corazón en nuestro cuerpo, pero el alma en el campo ajeno, lo que supone haber abandonado nuestra propia parcela.

    Como reza un verso del zen: "Buscas durante días y días la primavera, pero ella no se deja ver. / Tienes ya los zapatos desgastados de tanto caminar entre las nubes de una y otra montaña. / Cuando regresas y tomas en tus manos, sonriente, la ciruela y la acercas a tu nariz para olfatearla, / advertirás que la primavera, plena está en las ramas", la primavera está en la rama de ciruela de tu propia casa, está en tu corazón. Si ignoras las flores que llenan las ramas y persigues lo lejano, dejando de lado lo que está cerca o persigues lo ajeno, dejando de lado lo propio, invertirás en vano tus esfuerzos. Esto quiere decir que el despertar del zen depende de la experiencia personal directa en lugar de las percepciones sensoriales externas.

    Un monje de la dinastía Tang pregunta al maestro Cuiwei: "¿Qué es el Dao? A lo que Cuiwei contesta: "Te lo diré cuando estemos solos." Entran en un jardín y el monje le implora: "Aquí no hay nadie, responda, por favor, a mi pregunta." Entonces, Cuiwei señala un bambú y dice: "Este tallo de bambú se ve largo, mientras que el de ese se ve mucho más corto."

    En las experiencias directas, un mundo multicolor y lleno de vida se abre ante tus ojos. Aquí, las palabras no tienen ninguna utilidad. El zen recurre a una com-paración para ilustrar la idea: alguien sube a un árbol sosteniéndose de una rama con la boca, sin que sus pies ni sus manos se apoyen en ninguna rama. En eso, alguien que está al pie del árbol, pregunta, de repente: "¿Cuáles son las ideas fundamentales del budismo?" Si el que se encuentra subiendo al árbol contesta, se caerá irremediablemente al suelo al abrir la boca.

    Solo los que beben el agua sabrán decir si está fría o tibia. El zen destaca el carácter directo de la experiencia de la vida. La vida moderna de la humanidad se caracteriza, entre otras cosas, por la cada vez más escasa experiencia directa. Vivimos dependiendo casi completamente de los medios de comunicación. Nos esforzamos por entretejemos dentro de la red del mundo con el fin de ocupar un puesto en su tejido. Los medios nos brindan facilidades. Sin embargo, sin darnos cuenta, nuestro corazón, mediante el cual percibimos el mundo real, se va haciendo cada vez más torpe y lerdo. El zen, en este sentido, no puede ser más ilustrativo para nosotros, los de la humanidad moderna.

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