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Porcelana china, La tarjeta de visita de la cultura tradicional

    En español, igual que en inglés, la palabra China, además de referirse al país, posee otro significado, el de "porcelana". Es una buena prueba de que los europeos conocen desde hace mucho la relación de China con la porcelana. La porcelana se abrió camino hacia Europa en el siglo XV, y ocupó un lugar privilegiado en los intercambios entre China y otros países. A modo de ejemplo, el Museo Keisel Randy de Alemania alberga un cuenco azul y blanco que data de la dinastía Ming (1368 a 1644). A lo largo de la historia, China, así como otros países asiáticos, han mantenido un intenso y amplio comercio de porcelana con Europa. De 1602 a 1682, la Compañía de las Indias Orientales de Holanda transportó más de 16 millones de objetos de porcelana a Europa. La porcelana le ganó entonces a China una magnífica reputación poi la sofisticación y elegancia que exhibía, y jugó un papel esencial en la idealización europea de China durante los siglos XVII y XVIII. El estilo rococó, popular en la Europa de aquel entonces, sin duda recibió la influencia de esta moda, que ejemplili caban sus porcelanas y jardines.


    La porcelana posee una gran importancia en la historia de la civilización china. La cerámica fue su predecesora, y la cerámica vidriada fue la base para la emergencia de la porcelana. Existieron cinco hornos famosos, los de Jun, Ding, Guan, Ge y Ru, todos ellos creativos y originales en los objetos que fabricaban, y sus modelos han sido imitados durante siglos por generaciones posteriores. En la dinastía Yuan (1206 a 1368), Jingdezhen se convirtió en el corazón de la industria de estos objetos.
    De la porcelana china se aprecia su color sereno, su textura cristalina, sus elegantes diseños y sus formas ingeniosas, resultado de la investigación de los artesanos durante generaciones. Los objetos de bronce, la cerámica y la porcelana son muy populares entre los chinos, aunque el estilo de cada uno de estos materiales varía mucho. La cerámica es sencilla, sin sofisticación, mientras que los objetos de bronce sugieren solemnidad. La porcelana es, de los tres, la más exquisita y elegante.
    La porcelana se puede considerar la tarjeta de visita de la cultura china. Una taijeta de visita que representa la cristalización de su cultura y la encarnación de los anhelos estéticos del pueblo chino.

    Una artesanía natural

    Cualquiera que esté familiarizado con la porcelana china sabe que sobre la superficie de algunos objetos se observan lo que le parecen ser unas grietas irregulares. A este efecto se le da el nombre de "craquelado" en la terminología especializada. Las grietas fueron producto, en un primer momento, de una torpe manipulación por parte de los artesanos a la hora de hornear las piezas; sin embargo, durante la dinastía Song se pondrían de moda, y así ha perdurado hasta el día de hoy. Actualmente, las piezas craqueladas son uno de los estilos típicos de la porcelana china.

    El homo Ge (situado en la actual Longquan, en Zhejiang) era un homo típico de la dinastía Song, y producía este tipo de piezas. Hoy, el Museo de Shanghái alberga dos de ellas: una es un cuenco con su borde moldeado según un diseño de girasol; la otra es un cuenco con el borde en forma de pétalos de flor. En ambos aparecen las grietas finamente entrecruzadas sobre su superficie. El Museo del Palacio de Taibei también posee una pieza procedente de este homo, datada en la dinastía Yuan. Se trata de un quemador de incienso con asas en forma de pez. Las grietas finas y delicadas sobre su superficie, color crema cristalizada, evocan las hojas de un árbol, atravesadas por los nervios, de una forma espontánea y vibrante.

    Los chinos aprecian el craquelado, pues valoran grandemente esta técnica única natural. La porcelana es un arte artificial y, precisamente por ello, su mayor desafío es contrarrestar esa artificialidad. El gusto en el craquelado nace del hecho de que se produce nnlurulmcnte y con unos diseños impredecibles. Un agrietamiento realizado mecánicamente, de forma poco natural revelaría cierto artificio, y, definitivamente, no se ajustaría al craquelado que se produce naturalmente.

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