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La filosofía de la no-acción de Laozi

    la no-acción de Laozi El libro Laozi fue escrito en torno al siglo VI a. C. Su autoría se atribuye a Lao Dan, o Laozi, un anacoreta que vivió durante el periodo de las Primaveras y los Otoños (770-476 a. C.). Sobre Lao Dan apenas se conservan registros históricos, pero al parecer ostentó un cargo civil de baja categoría en la corte real, como responsable de los archivos de la dinastía Zhou (1046-256 a. C.). Sin embargo, debido a sus grandes conocimientos, se dice que incluso Confucio viajó muchas millas para hacerle algunas consultas.

    El texto Laozi, también conocido como Clásico del Dao y de la Virtud (Daodejing) consiste en tan sólo cinco mil caracteres, organizados en ochenta y un capítulos divididos en dos partes, Dao (la Vía) y De (la Virtud). A pesar de su brevedad, Laozi ha jugado un papel extraordinario en el desarrollo de la cultura china. Fue el texto de partida del taoísmo, una escuela filosófica paralela al confucianismo en la antigua China. El pensamiento de Laozi se convirtió por tanto en la base del taoísmo, la escuela religiosa autóctona más influyente de China. Asimismo, influyó de forma indirecta en las características, el pensamiento y la sensibilidad estética de la nación china. Laozi sigue jugando un papel fundamental en el desarrollo del pensamiento chino en la actualidad.

    Laozi llegó por primera vez en Europa, probablemente, en torno al siglo XV, y fue uno de los trabajos filosóficos más traducidos de la antigua China. Muchos de los planteamientos más reveladores de Laozi se fundan en una filosofía de la naturalidad y de la no-acción.

    Naturalidad y no-acción

    La "naturalidad" es un concepto fundamental en la filosofía de Laozi. Se refiere al estado natural, a aquella actitud que supone seguir la vía de la naturaleza. Laozi dejó claro que cada cosa en el mundo posee su propia forma de ser y desarrollarse: las aves vuelan por el cielo, los peces nadan en el agua, las nubes flotan en el cielo, las flores eclosionan y se marchitan. Todos estos fenómenos ocurren independiente y naturalmente, sin acomodarse a la voluntad humana, y los seres humanos no deberían intentar alterar nada que sea natural. Laozi exhorta a los hombres para que abandonen cualquier deseo de controlar el mundo. Acomodarse a la Vía de la naturaleza es la manera en la que se puede resolver los conflictos entre los seres humanos y el mundo.

    La "no-acción" es otro de los conceptos sustanciales de la filosofía de Laozi, es la garantía de la "naturalidad". Laozi afirma: "[El Dao o la Vía] actúa a través de la no-acción". Esto no significa que uno no deba hacer nada y limitarse a esperar pasivamente a que los asuntos se resuelvan solos; tampoco niega la creatividad humana. Lo que quiere decir es que cualquier empresa humana debe realizarse sobre la base de la naturalidad, y no en un intento de interrumpir el ritmo de la naturaleza. La creatividad humana debe estar en armonía con la Vía de la naturaleza.

    Laozi afirma también: "El ingenio mayor parece estupidez". Esta es la esencia de la "naturalidad" y la "no-acción". El "ingenio mayor" se refiere al grado sumo del ingenio, que aparece con tanta naturalidad que no parece en absoluto ingenio. El ingenio se puede alcanzar a través del esfuerzo; sin embargo, "el ingenio mayor" es superior al ordinario. Para Laozi recurrir al engaño es una verdadera futilidad y lo único que logra es el resultado opuesto. Aquellos que hacen trampas no son gen u i nos y, por tanto, no son naturales. El engaño existe en detrimento de la naturalidad y de la armonía de la existencia.

    Zhuangzi (369-286 a. C.), el filósofo que desarrolló la filosofía de Laozi, relata una historia que sobre los "árboles inútiles":

    Un carpintero fue con su aprendiz al estado de Qi. En su camino, se cruzó con un árbol gigante en el templo local de la deidad de la Tierra. Su tronco medía varias docenas de metros de grueso y era alto como una montaña. Sus ramas le proporcionaban sombra a cientos de reses. La gente acudía hasta allí para adorar a aquel árbol soberbio, pero cuando el carpintero pasó por su lado, no se dignó ni tan siquiera a echarle una mirada. El aprendiz, sin embargo, quedó fascinado por él. Observó minuciosamente el árbol y corrió a buscar a su maestro para preguntarle: "Desde que soy tu discípulo, nunca había visto una madera tan fina. Pero tú has pasado a su lado sin tan siquiera echarle un vistazo, ¿por qué?" El maestro respondió: "Ese árbol produce una madera inservible. Si haces un barco con ella, se hundirá. Si construyes un féretro, se pudrirá enseguida. Si lo que haces son herramientas, se rajarán inmediutumcntc. Es una madera inútil del todo. Esa es la causa por la que ese árbol ha sobrevivido tanto tiempo." La sabiduría del "árbol inútil" reside, exactamente, en su inutilidad o, lo que es lo mismo, en su naturalidad.

    La filosofía de la no-discordia

    Sobre la base de la "naturalidad" y la "no-acción", Laozi propone "superar la fuerza con la debilidad". Laozi vive en un periodo arrasado por constantes guerras. Por ello, la contienda es un tema fundamental para los filósofos, y el pensamiento antibélico es la norma. Incluso el gran estratega Sunzi aboga por "ganar la guerra sin librarla", por no mencionar a Mencio, que defiende con fuerza el gobierno basado en el amor. Su contemporáneo Mozi (c. 468-376 a. C.), fundador del mohismo, también condena la guerra e invoca el "amor universal".

    Para Laozi la guerra nace de los deseos desaforados de los hombres. El conflicto nace cuando la gente lucha para satisfacer dichos deseos, y el conflicto puede llegar a desembocar en una guerra. La filosofía de Laozi se basa en la "no-discordia". Para él, los enfrentamientos y las luchas competitivas son la causa de todo declive; no desear nada es la forma natural de existir.
    Laozi dice: "La virtud suprema es como el agua". Compara su filosofía de la "no- discordia" con el agua, y la distingue de la ley de la jungla. Afirma: "El agua alimenta todo pero no lucha por nada". Para Laozi, los seres humanos aspiran a situarse en posiciones más altas, mientras que el agua siempre fluye hacia lugares más bajos. Llevados por el deseo, los hombres anhelan aquello que creen que es superior y desprecian lo que piensan que es inferior. Opuestamente, el agua siempre fluye hacia abajo. Como fuente de la vida, el agua alimenta a todos los seres vivos de la Tierra; no puede existir vida sin agua. El agua realiza su contribución al mundo sin preocuparse de pérdidas ni de ganancias. Baja, nivelada y tranquila, el agua contiene y refleja todo bajo el cielo. La vía del agua es completamente diferente a la de aquellos que se dejan llevar ávidos por sus deseos.

    Mas la filosofía de Laozi no significa debilidad; al contrario, está llena de fuer/a. Según Laozi, el agua en su debilidad y quietud, acumula una gran fuerza. Su fuerza puede romper todas las barreras del mundo. Afirma el filósofo: "Nada hay en el mundo tan débil como el agua. Y sin embargo, nada es más fuerte que el agua cuando se trata de quebrar algo". El agua es un típico ejemplo de cómo lo débil triunfa sobre lo fuerte. El agua es invencible porque no desea nada y no lucha por nada.

    Laozi dice: "Desconfía de los fuertes, debemos permanecer débiles". Estas palabras no significan que Laozi abogara por el fracaso. No obstante, para fortalecerse no se debe oprimir a los débiles. En lugar de ello, debemos partir de nuestros propios puntos débiles, acumular fuerza manteniéndonos en la bajeza, como hace el agua. La vía básica hacia la prosperidad es abandonar el deseo de alardear de nuestra superioridad.

    Además de la vía a la prosperidad, la debilidad es también la vía de preservar la vida. Para Laozi la fragilidad es símbolo de la vida. Lo explica comparando la vida y la muerte: cuando cualquiera vive, su cuerpo es frágil; al morir, su cuerpo se vuelve duro y rígido. Lo mismo ocurre con las plantas: las vivas poseen hojas suaves y delicadas flores, mas las plantas muertas se vuelven secas y duras. Laozi utiliza ambos ejemplos para mostrar que la vía de la debilidad es la manera de preservar la vida. La vía de la debilidad es la forma mejor de evitar el conflicto.

    Regreso al estado de recién nacido

    Laozi ve el mundo como una mundanal amalgama de vanidad. El mismo elige vivir una existencia simple y tranquila, manteniendo su mente indiferente frente a la tentación. Afirma que su opción vital es permanecer como si fuera "un recién nacido".

    Lo que no quiere decir que Laozi desee ser siempre un pueril ignorante. Considera que todos los sabios - la gente dotada de mayor virtud - parecen recién nacidos. El grado sumo del refinamiento es el regreso al estado de recién nacido.

    Como tales, estamos libres de todo conocimiento, deseo, impureza o falsedad. El estado de recién nacido de Laozi significa la "inocencia total". El primei llanto de un recién nacido se produce al abandonar el vientre de la madre, es puro y claro, lo que, según Laozi, es una auténtica llamada de vida.

    Al llegar a este mundo, los seres humanos vamos adquiriendo gradualmente junto con nuestro crecimiento físico, conocimientos externos y vamos aceptando las normas sociales. Poco a poco, lo que era una mente originalmente pura se va tiñendo con un sinfín de colores caóticos. Con la madurez, los hombres nos volvemos más y más hipócritas. El proceso de aculturación supone perdei nuestra esencia verdadera.

    Según Laozi, la civilización significa en cierta medida, un abandono de nuestro "verdadero yo". El desarrollo de la cultura es un proceso de "decoración" la ropa adorna el cuerpo; las viviendas adornan nuestras vidas cotidianas; el lenguaje adorna la comunicación; y la política estatal adorna las organizaciones humanas.

    Tales "adornos" acaban convirtiéndose en objetos de deseo. Llevados por los deseos, los seres humanos luchan y se engañan unos a otros, lo que termini en guerras. Laozi compara las leyes de la naturaleza con las del mundo de los hombres: La naturaleza toma el exceso para compensar la falta, del misnu modo que el viento nivela las dunas o que el agua limpia la tierra y las piedras. El mundo de los hombres es justo lo opuesto, por ejemplo cuando se expolia ; los pobres o se oprime a los débiles.

    Los deseos dañan el mundo exterior y envenenan la mente. Laozi afirma: "Los colores hermosos ciegan los ojos, la música refinada daña los oídos, los sabores sabrosos embotan el gusto, y cabalgadas y cacerías aturden la mente". Los deseos perturban la quietud mental. Si los seres humanos nos dejamos llevar poi un mar de deseos, terminaremos por ahogarnos en ellos.

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