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Dónde se encuentra la belleza

    Pang Yun (fechas desconocidas), monje de la dinastía Tang y discípulo del maestro Weiyan (751-834), del Monte de la Medicina (conocido también como Yaoshan), tenía un entendimiento preciso y profundo del zen. Un día, al aban-donar el lugar, se reunieron para despedirlo más de 10 discípulos del budismo sen de Yaoshan. Hablando y riendo, Pang y los demás salían del salón cuando se dieron cuenta de que estaban cayendo grandes copos de nieve mientras el ciclo y la tierra se hallaban envueltos en inmensa neblina. A todos les gustó el panorama que se ofrecía a sus ojos. Pang señaló los copos que revoloteaban en el aire y no pudo menos que exclamar: "¡Qué copos tan hermosos estos que no caen en otros sitios!" Uno de los practicantes de la secta le preguntó: "Entonces, ¿dónde caen?" La inmediata respuesta de Pang fue darle un puñetazo.

    Lo que Pang quiso decir al hacer esto fue que, cuando los lindos copos caen delante de ti, no tienes sino una opción: apreciar plenamente la maravilla que acaba de ocurrir entre el cielo y la tierra. Decir "qué hermosos copos" no es hacer una valoración de la nieve, pero si lo hicieras, estarías viéndola como un objeto. Para la secta del zen es importante incorporarse al mundo en lugar de juzgarlo. Hacerlo, significará que los bellos copos se abrirán ante tus ojos.

    Al decir "no caen en otros lugares", Pang no quiere decir que la nieve cae aquí y no en otros lugares. No ve la nieve desde el punto de vista del "lugar", ya que "lugar" es un concepto de espacio; tampoco lo ve desde la perspectiva del "tiempo" - nevar al atardecer, no nevar en la mañana, etc. Ver la nieve partiendo de los conceptos de tiempo y espacio, significa negar la nieve en sí porque la alusión estará referida a una nieve conceptual y servirá para explicar el hecho de nevar. El zen considera que no podemos interpretar el mundo sino tan solo percibirlo. La abundante nevada no cae en otros lugares. Con ello, se concede importancia a lo que siente el corazón.

    Esta historia pretende decirnos que en la vida hay belleza en todas partes. El único problema es que no la vemos. Con nuestra actitud racional, con nuestra visión intelectual, nos obsesionamos por interpretar el mundo y, así, no nos es posible descubrir la belleza del mundo. Ya que estamos en la orilla opuesta, un río de conocimientos nos separa del mundo. El mundo que conseguimos conocer no será sino un conjunto de fragmentos de conocimientos puntuales y no el mundo en sí. La gente suele ignorar "los hermosos copos" que aparecen ante sus ojos, y se preocupa por el interés, el deseo y pequeñeces racionales mientras que la belleza misma de la vida queda encubierta. Hay que entender que no es que el mundo esté falto de belleza sino que son los seres humanos quienes no tienen ojos para apreciarla.

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