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Mirar una obra es mirar a actores famosos

    actores famosos de la opera

    Entre los espectadores de la Ópera de Pekín corre una afirmación: "mirar una obra es mirar a actores famosos", y también "escuchar una ópera es escuchar a famosos cantantes". Ambas expresiones resumen perfectamente una de las principales características a la hora de apreciar la Ópera de Pekín.

    Para valorar la Ópera de Pekín lo importante es valorar las imágenes que crea.

    Los espectadores van al teatro no sólo con el propósito de ver "una obra", sino más bien para disfrutar con la "representación", puesto que ya conocen la obra (o la imaginería en escena) que va a ser representada; por ello, su sentido reside en el canto, el diálogo, la mímica y la lucha de los actores. Para disfrutar la ópera, los espectadores no sólo tienen en mente a los protagonistas de la historia, sino también a los actores que representan los papeles. Los espectadores van a disfrutar de su actuación, especialmente cuando se trata de actores conocidos. Ese es el significado de la expresión "mirar una obra, es mirar a actores famosos". Esto es la primera característica necesaria para valorar la Opera de Pekín.

    Otra de las afirmaciones relativas a la Opera de Pekín dice que "cuanto más familiar es una ópera, más se disfruta de ella". Ver una película una vez ya es suficiente, porque si volvemos a verla ya nos falta la tensión y el gusto que sentimos la primera vez. Sin embargo, una escena de la Opera de Pekín resulta más atractiva cuanto más familiar resulta, cuanto más se conocen la trama y la historia, porque así nos podemos centrar más en disfrutar de las actuaciones, y sentir y apreciar el sentido más profundo y la magia de la interpretación de los actores.

    La segunda característica necesaria para valorar la Opera de Pekín es que la audiencia distingue frecuentemente la belleza artística y formal (de los actores) del conjunto escénico de su imaginería. Una breve aria o un movimiento acrobático puede ganarse el aplauso admirativo de la audiencia. No obstante, la admiración no es la misma que cuando se disfruta de una película o de una obra de teatro. Normalmente, en estos casos, los espectadores ven a un actor que lleva a cabo una proeza, pero nunca aplauden porque sólo ven al personaje, no al actor. En la Opera de Pekín, sin embargo, en algunos casos una misma escena puede arrancar aplausos de todos los espectadores, puesto que prestan atención tanto al personaje como al actor, y valoran tanto la belleza en la forma de representar como en la pericia de la actuación del actor.

    Como señaló una vez el famoso dramaturgo Bertolt Brecht (1898-1956), cuando se ve a un actor chino actuar en escena, vemos al menos a tres personajes al mismo tiempo: uno el que realiza la acción (el actor), y otros dos que se actúan (el personaje y el papel). Por ello dijo que la Ópera de Pekín es una representación dual, una característica importante para apreciar la Ópera de Pekín. Con esta conciencia de la "representación dual", los espectadores juzgan diferentes aspectos. Unos prefieren centrarse completamente en la imaginería de conjunto del escenario; otros disfrutan con las actuaciones (este tipo de espectadores suele escuchar las canciones con los ojos cerrados), y la mayoría alternan entre los dos, disfrutando por partida doble de esta representación dual.

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