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Breve Historia de Chengde

    guia chengde

    Llamada originariamente «Rehe», el emplazamiento para la ciudad fue descubierto por el emperador Kangxi, de la dinastía Qing, a finales del siglo xvn, cuando se dirigía con sus tropas hacia la zona de caza del norte. Le atrajo el fresco clima de verano y el paisaje rústico, y construyó aquí pequeños lugares donde poder disfrutar de un fantasioso estilo de vida manchú, cazando y paseando como sus ancestros del norte. El programa de edificaciones se expandió cuando se convirtió en diplomáticamente útil para pasar tiempo al norte de Beijing, para forjar vínculos más fuertes con las problemáticas tribus mongolas. Kangxi, quizás el más capaz y más inteligente de su dinastía, fue más conocido por sus ideas sobre economía —«El pueblo es la base del reinado; si ellos tienen suficiente entonces el reino es rico»— que por tales muestras de grandeza imperial. Chengde fue, sin embargo, una creación totalmente pragmática, diseñada como un medio efectivo de defender el imperio intimidando a los príncipes mongoles con audiencias espléndidas, partidas de caza e impresionantes maniobras militares. Resistió firmemente todas las peticiones de reparar la Gran Muralla, como una carga innecesaria para el pueblo y, sin duda, también como un pobre medio de control, pues no había presentado obstáculo alguno a los fundadores de su dinastía sólo unos pocos años atrás.

    La construcción de los primeros palacios comenzó en 1703; hacia 1711 había 36 palacios, templos, monasterios y pagodas situados en un gran parque amurallado, con estanques ornamentales e islas salpicadas de bonitos pabellones y puentes que las conectaban. Se reunieron artesanos de todas partes de China para trabajar en el proyecto; el nieto de Kangxi, Qianlong (1736-1796), añadió otros 36 edificios imperiales durante su reinado, que fue considerado el apogeo de Chengde.

    En 1786, el Lama Panchen fue convocado desde el Tíbet por Qianlong para la celebración de su cumpleaños. Se trataba de una hábil maniobra política para impresionar a los seguidores del budismo lama. Los budistas incluían cierto número de grupos minoritarios que eran importantes espinas en el camino del emperador, como el tibetano, mongol, torgut, jungar y calmuco. Algunas historias (pero curiosamente no las chinas) cuentan cómo Qianlong invitó al Lama Panchen a sentarse con él en el Trono del Dragón, que había sido llevado a Chengde para la temporada de verano. Ciertamente, fue festejado con honores y obsequiado con costosos regalos y títulos, pero lo que le causó más impresión, a él y a sus seguidores, debió de ser la réplica de Pótala y de su propio palacio, construido en Chengde para hacerle sentir como en casa, un gesto grandioso que no habría pasado desapercibido entre los seguidores del Lama. Sin embargo, la visita del Lama Panchen acabó de forma dudosa cuando murió de varicela, o posiblemente envenenado, en Beijing, y su ataúd devuelto al Tíbet con un grandioso cortejo fúnebre.

    La primera embajada inglesa en China, bajo la dirección de Lord Macartney, también visitó la corte de Qianlong en 1793. Después de sufrir la indignidad de navegar río arriba hasta Beijing en un barco en cuyas velas se habían dibujado caracteres que significaban «Portadores de tributos del rey vasallo de Inglaterra», se sintieron disgustados al descubrir que el emperador se había trasladado a Chengde para pasar el verano. Sin embargo, hicieron el trayecto de 150 km —en incómodos carruajes europeos— y llegaron a Chengde en septiembre de 1793. Fueron bien recibidos por el emperador, a pesar de que Macartney rechazara inclinarse y a pesar de la incomodidad de Qianlong con los regalos recibidos, proporcionados por la oportunista Compañía de las Indias Orientales. Qianlong, en el punto máximo del poder manchú, pudo oponerse a las demandas británicas y negarse a conceder ninguno de los tratados que se le pedían, recalcando, en respuesta a la demanda de comercio, que «Poseemos todas las cosas. No veo valor alguno en objetos extraños o ingeniosos, y no vemos ningún uso a los productos manufacturados de su país». Su carta al monarca británico concluía, con un grandioso: «Oh rey, obedezca temeroso y no muestre negligencia alguna.»

    Chengde perdió gradualmente su popularidad imperial cuando el lugar comenzó a considerarse desafortunado después de que dos emperadores, Jiaqing y Xianfeng, murieran aquí en 1820 y 1860 respectivamente. La restauración, de cara al turismo, comenzó en 1980 y aún continúa.

     

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