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El ocio en el viejo Beijing, Vivir en Beijing

    El ocio de la gente corriente del viejo Beijing posee también un componente de refinamiento, equilibrio y despreocupación, gracias a los encantos que ofrece esta antigua capital.

    Vivir en Beijing se puede describir con una palabra: diversión, o, como dirían los pekineses "pensar en divertirse". Chen Jiangong (n. 1949), un escritor chino contemporáneo, comentó una vez: "A los pekineses les gusta divertirse, y son muy buenos encontrando diversiones". Criar un pájaro es divertido, hacer volar una cometa es divertido, beber un trago de vino con un poco de ajo es divertido, y cantar un aria de Ópera de Pekín o escucharla es también una gran diversión. Sin embargo, las formas más habituales de disfrutar de una vida placentera para los pekineses corrientes es beber té y vino.

    Había un gran número de casas de té en el viejo Beijing y la gente de todos los ámbitos de la vida iban allí a tomarse un té - periodistas, escritores, actores, jugadores de ajedrez, maestros, estudiantes, y artesanos (estos últimos solían acudir para hacerse con una clientela). La gente se quedaba a descansar un rato en las casas de té cuando regresaban de haber ido a entrenar a sus aves. Solían colgar sus jaulas en una vara o colocarlas en las mesas, sorbían el té mientras disfrutaban de sus pájaros, y diferentes tipos de ellos formaban coros variados. Una casa de té era un lugar público para socializar, y también era el lugar donde se concentraba la sociedad, donde se respiraban las comedias y las tragedias de la vida cotidiana. Lao She (1899-1966), un famoso dramaturgo chino, compuso excelentes descripciones muy vitales de lo que sucedía en ellas en su obra La casa de té (Chaguan), una obra clásica de la historia de la literatura china.

    Un gran número de restaurantes salpicaba toda la ciudad, pero la mayoría de los más grandes estaban situados en áreas de negocios, mientras que las pequeñas tabernas solían ubicarse en las entradas a los callejones. Estas tabernas ofrecían platos sencillos para acompañar al vino, cacahuetes hervidos, toufu seco, huevos de mil años, pescado ahumado o camarones fritos. En su interior solían disponer de grandes cubas, con sus bocas cubiertas por grandes tapas pintadas de rojo, que servían al mismo tiempo como mesas. A este tipo de tabernas las llamaban "Grandes cubas de vino".

    Además de beber té y vino, los pekineses tenían otros modos de disfrutar de la vida, como criar peces dorados o palomas, hacer volar cometas, criar grillos o saltamontes, coleccionar porcelana, máscaras, macetas, figuras de arcilla y harina.... Buscar el disfrute en todo tipo de actividades cotidianas hacía sus vidas más interesantes y gozosas.

    A los pekineses les gustaba criar peces dorados, una afición que se desarrolló ya en las dinastías .lili (1115-1234) y Yuan (1206-1368). Les gustaba criarlos en estanques en los que, juntos a árboles de caquis, se convirtieron en una decoración indispensable para un patio tradicional, los conocidos como siheyuan.

    A los pekineses también les gustaba criar palomas, con la gran satisfacción que supone soltar a las aves para que alzaran el vuelo. Algunos criadores ataban pequeños silbatos en las plumas de la cola de las palomas. Wang Shixiang (1914- 2009), un folclorista, señaló que el sonido de los silbatos de las palomas se había convertido en un símbolo de Beijing. Dijo: "En Beijing, ya sea en la cálida primavera o en el tórrido verano, en el otoño claro o en el gélido invierno, los sonidos de los silbidos se pueden escuchar en el cielo. Densos en un momento, linos en otro, remotos o próximos, en las alturas o en vuelo raso, rápidos o lentos, se ciernen en el aire y producen un eco que es como una refrescante música del cielo". Y añadió: "Este sonido tan atractivo despierta a la gente de sus sueños, los hace mirar hacia el firmamento distante, y proporciona alegría a los niños y a los adultos, quién sabe en cuántas ocasiones."

    Con el cambio de los tiempos, el estilo de vida de la gente de Beijing ha ido transformándose. A finales del siglo XX y comienzos del XXI, aparecieron la calle de los bares en Sanlitun, la calle Guijie en Dongzhimen y otra calle de bares cerca del lago Shichahai, para que la gente pueda disfrutar allí de sus ratos de ocio. El lago Shichahai solía ser un lugar desértico, pero de pronto se ha convertido en un punto atractivo en los albores del nuevo siglo. Una variedad de bares se localizan allí, uno junto a otro, con nombres tan interesantes como Loto Azul, Escuchar a la Luna o El bar Hola. Estos nombres pegadizos, al ser pronunciados juntos, acaban convirtiéndose en un sorprendente poema, gracias al cual la gente es capaz de volver a sentir el sabor popular del distrito del lago Shichahai, más conocido por los visitantes extranjeros como Houhai, con el encanto glamuroso del Beijing del siglo XXI.

    Beijing es una ciudad que pertenece al ayer, al hoy y al mañana, como dijo una vez, acertadamente, un letrado. (vivir en Beijing)

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