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Los gritos de los vendedores por las callejones

    El glamour del viejo Beijing no procede tan sólo de las magníficas torres de las puertas de la ciudad, sino también de sus estrechos callejones, o hutong, como son denominados en el dialecto de Beijing.
    Los callejones de Beijing aparecieron por primera vez durante la dinastía Yuan (1206-1368). En la obra de teatro El letrado Zhang hierve el mar, uno de los personajes, una criada, comenta: "Puedes venir a verme al hutong de Zhuantar..." Eso muestra que el Callejón Zhuantar, al oeste de la calle Xisi Sur, ya existía en la dinastía Yuan.
    Los callejones del viejo Beijing tienen un sabor muy típico, sólo sus nombres son lo suficientemente poéticos para darle vuelo a la imaginación de la gente (e. g.: Día de la Flor del Albaricoque, Ramillete de Flores, Luz de Luna), o lo suficientemente prácticos para reflejar el estilo de vida de la gente corriente: (e.g. : Callejón de las Hojas de Té, Callejón del Alcohol o Callejón de las Berenjenas, por poner sólo unos pocos ejemplos). Aún más interesante, y según los recuerdos de los mayores, es el hecho de que cada callejón tenía su propio olor. Por ejemplo, el Callejón del Dinero y el Grano olía a col; el Callejón de los Sombreros, a bayas caramelizadas en varillas; y el Callejón de los Palanquines, a bebida de frijol fermentado.
    Los callejones del viejo Beijing reproducen también los gritos de los vendedores que ofrecen sus mercancías y los sonidos de algunos característicos instrumentos de percusión. Por arriba y por abajo, cerca y lejos, los gritos poseen un atractivo rítmico y perenne, como los que se escuchan a primera hora de la mañana ofreciendo varitas retorcidas de harina fritas y pasteles de semillas de sésamo, las llamadas vespertinas vendiendo frutas, y las de media noche ofreciendo ta Marines, bollitos al vapor y sopa de wonton. Algunos vendedores no ofrecen sus mercancías por los gritos, sino que utilizan instrumentos de percusión para lia mar la atención de los clientes. Cuando la gente escucha sus sonidos metálicos y tintineantes, sabe que el barbero se acerca; o el sonido del gong anuncia a todos que el circo ha comenzado el espectáculo. Las tabletas de madera anuncian la llegada de un vendedor de aceite y el repiqueteo del tambor es, sin embargo, el heraldo de un buhonero ambulante con sus productos de uso cotidiano.
    Es importante prestar atención a los tonos y los estilos de los gritos de los callejones para atraer a los clientes. Los gritos deben ser vitales, con la voz seca, unas palabras claramente articuladas y un tono melodioso con un embellecimiento y una dulzura propia de las flores, como una melodía que se alarga, especialmente en las últimas palabras. Los gritos se lanzan en el dialecto de Beijing, dotado de un poderoso sabor local. Además de ser musical, los gritos de los vendedores poseen un encanto literario, con modos rítmicos que se exageran para expresar alegría y humor. Por ejemplo, un vendedor de sandías decía: "Ven a probar un bocado de esta fruta helada, crujiente, una rodaja con forma de luna, tan grande como una barca y de carne tan dulce como un pastelillo de medio otoño, ni las mejores hojas de palma consiguen alejar a las abejas que intentan llevársela a sus colmenas. Endulza tu boca sólo por un céntimo." Son gritos que rebosan de la alegría y el humor de la gente corriente.

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