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Ofrendas ceremoniales

    La deidad celestialReverencia con veneracion y gratitud

    Templo del Cielo fue erigido durante el reinado del emperador Yongle (r. 1403-1424) de la dinastía Ming (1368-1644), finalizado el año 1420, al mismo tiempo que la Ciudad Prohibida. Cuando el emperador Yongle trasladó la capital de Nanjing a Beijing en 1420, el Templo del Cielo se convirtió en la sede de las ceremonias más solemnes dedicadas al Cielo y a la Tierra.

    Cerca de seiscientos años más tarde, el Templo del Cielo se mantiene intacto en la zona sur de Beijing. Con un área casi cuatro veces mayor que la de la Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo, con sus numerosos pabellones y edificaciones, atrae a visitantes de todo el mundo. Ofrece un espectáculo hermoso y representa, además, la búsqueda de los chinos de la armonía entre el Cielo y los hombres.

    Ofrendas ceremoniales del emperador

    El emperador solía ofrecer oblaciones al Cielo en este lugar dos veces al año, en la primavera y en el otoño. En el Pabellón de las Rogativas por la Buena Cosecha se celebraba la ceremonia primaveral, y el emperador y los ministros se reunían allí para efectuar los ritos para pedir buenas cosechas. Durante el solsticio de invierno, la ceremonia se trasladaba al Altar Elevado Circular, donde se expresaba gratitud por la gran compasión que el Cielo mostraba hacia los seres humanos. En tiempos de sequía o de inundaciones, el emperador también acudía al templo rodeado de un séquito de funcionarios civiles y militares para suplicar la ayuda del Cielo.

    El único que podía orar en el Templo del Cielo era el emperador. La gente común no tenía acceso a él; mas como el emperador, también el pueblo compartía el sentimiento de reverencia y veneración hacia el Cielo.

    Entre los chinos, la adoración al Cielo cuenta con una historia de más de tres mil años. Nuestros ancestros creían que el Cielo, conocido también como "La deidad celestial" o el "Emperador celestial" era una fuerza misteriosa que dirigía todos los asuntos terrenales, desde las cosechas hasta el destino individual. El Cielo además velaba por la justicia. Se creía que los desastres naturales en la tierra eran advertencias del Cielo al pueblo por diferentes tipos ilc actos viles. Frente a una calamidad, la gente exclamaba: "Es castigo del Cielo". Durante el segundo año del reinado del emperador Guangxu (r. 1875-1908), el Pabellón de las Rogativas por la Buena Cosecha fue presa de las llamas. El emperador sintió pavor ante tal noticia y todos sus ministros se austaron, pues creyeron que el desastre era un mal augurio enviado por el Cielo. No obstante, para los antiguos chinos, el Cielo estaba más inclinado hacia el amor y la tolerancia, y sólo ocasionalmente castigaba a la gente. Por ello nuestros antepasados siempre le mostraron agradecimiento al Cielo.

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