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El bullicioso Tianqiao

    La zona de Tianqiao del viejo Beijing era un lugar famoso porque permitía contemplar costumbres populares, con teatros especializados en diferentes tipos de representaciones populares, centros de entretenimiento, tabernas, casas de té,puestecillos de comidas y kioscos que vendían objetos de uso diario. A finales de la dinastía Qing, la ópera de Beijing, el Bangzi de Hebei, la ópera Pingxi, los espectáculos de marionetas o de sombras chinescas, los diálogos cómicos, las acrobacias o los espectáculos de magia y todo tipo de artes escénicas se reunían allí, al tiempo que se podían degustar más de una centena de aperitivos que incluían el touñu caramelizado, las varitas de harina sazonadas, el toufu frito o los pasteles, por nombrar sólo algunos. Una galaxia de tiendas ofrecía mercancías misceláneas entre las que también era posible encontrar las de uso cotidiano como ropa, muebles, zapatos y libros de segunda mano, curiosidades, etc. Pero es que también había clínicas dentales, farmacias, adivinos, barberos y vendedo res de todo tipo. Era un lugar bullicioso lleno de ruido y excitación.

    Entre los artistas ambulantes de Tianqiao, un gran número realizaba aeroba cias y quyi (una forma de arte vocal folclórico rico en sabor local que incluye a los baladistas, los cuentistas, los diálogos cómicos, las charlas acompañadas de tabletas, las discusiones cómicas, etc.), junto a los que interpretaban óperas locales, circos y artes marciales. Entre ellos existían tres grupos de animadores con una apariencia, una forma de hablar y una conducta únicos, y la mayoría de ellos eran extraordinarios en sus habilidades. Los apodaban los "ocho excéntricos", porque realizaban diálogos cómicos, mímica vocal, cantos de baladas y demostraciones de qigong. Uno de ellos, apelado el Rey de los Bufones, podía romper una piedra de veinte centímetros de grosor con la palma de su mano, o cortarla en dos con sus dedos índice, medio y anular. Las actuaciones de los ocho excéntricos despertaban verdadera animación entre el público.

    Además de los mencionados "ocho excéntricos", otros cómicos mostraban habilidades sorprendentes y se ganaron una gran reputación entre las audiencias ocasionales. Un imitador de voces, con el sobrenombre de Todo-el-mundo-es- feliz, utilizaba un abanico para cubrirse el rostro mientras imitaba las voces y los tonos de diferentes personas. Su actuación más popular se llamaba "Cinco niños organizando escándalo en la escuela". Al principio de la representación, los presentes escuchaban los ronquidos de alguien durmiendo, seguido por un gallo que cacareaba al amanecer, una mujer que despertaba a su marido, y que alimentaba a su niño y al mayor de los hijos que se levantaba para orinar. I I marido bostezaba, se dirigía a un molino para sacar al burro, abría y cerraba la puerta, mientras los cascos del burro resonaban en el suelo, y sus campanillas tintineaban, mientras la mujer urgía al hijo a que fuera a la escuela, y el mayor de todos pedía dinero para ir a comprar pastelillos para el desayuno y partía cantando en dirección al colegio. Allí los niños recitaban las lecciones, susurraban, reían o se quejaban y peleaban después de que el profesor hubiera salido del aula, regañándolos. Todos los sonidos los reproducía con una sorprendente habilidad que imitaba perfectamente la vida.

    La mayor parte de los visitantes de Tianqiao eran gente corriente. Las escenas bulliciosas, las multitudes ruidosas, las banderillas de colores y los deliciosos aperitivos le proporcionaban a todos felicidad, alegría y, más importante aún, el consuelo espiritual.

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